Por Luciana Bornand – Prensa Institucional Gwan Yong Argentina.

Rodrigo Lacattiva, argentino radicado en Francia, 4° dan de este deporte nos cuenta cómo realiza su trabajo de inclusión con personas con discapacidad psicológica y motriz.

Antes de comenzar la clase, dos sillas de ruedas esperan su turno. Casualmente o no, sus colores son rojos y azules, los característicos del mundo del taekwondo, el arte marcial coreana.

En un mundo donde se habla de inclusión, pero queda solo en palabras, Rodrigo Lacattiva un cordobés radicado en Francia, se presentó ante un grupo de alumnos para contar su experiencia en el deporte con personas que poseen discapacidad.

No importa si es motriz o psíquica. El taekwondo no discrimina, se adapta. “Si una persona viene a nuestro gimnasio, que entre. El no, ya existe … hay que buscar un si”, recalcó el profesor.

Su interés por este público, comenzó hace cinco años cuando muere su prima Gladis quien tenía síndrome de down: “ Falleció viejita, las personas que tienen esta enfermedad suelen hacerlo muy jóvenes. Vivía en un centro en el que personas especializadas la trataban re bien”, recordó.

Rodrigo lleva adelante, en el país donde vive actualmente, un club muy amplio llamado Gwan Yong, que en coreano significa tolerancia. Cuando comenzó a encarar este proyecto, su pregunta fue, ¿por qué yo no trabajo con personas como mi prima?. Desde entonces, su escuela abarca todas las áreas del deporte: la lucha, el poomsae, el arbitraje, la defensa personal y también el taekwondo adaptado.

Éste se diferencia del para-taekwondo porque está pensado para personas que tengan una discapacidad por amputación o malformación pero que psíquicamente no las posean. En cambio, en el taekwondo adaptado no hay oposición por golpes ni competición, se trabaja y se miden los progresos mediante la autosuperación.

“Lo que más me llena el alma es verlos de blanco con su dobok formados, super respetuosos y aplicados esperando que llegue su profesor. Además, sus caras de satisfacción al hacer un ejercicio que al principio les resultaba imposible.  Y claro, la sonrisa de sus padres. Las cosas sencillas de todos los días”, destacó.

Rodrigo acomodó a los alumnos que los escuchaban atentamente en un círculo e invitó a que cada uno comenzara a correr entre medio de los otros participantes haciendo zig zag. Luego, se sentó en la silla de ruedas e imitó el ejercicio adaptada a la nueva condición, sin poder mover las piernas. Los deportistas más chicos se animaron a imitarlo, el gesto causó mucha emoción.

 “Yo no siento nada. Comienzo a pensar cosas cuando me pongo en la piel de la persona que puede estar sentada ahí. No es lo mismo moverse, divertirse, experimentar que estar todo el día y su vida así, utilizandola para movilizarse y ser lo más autónomo posible”, puntualizó.

“De este modo, experimentando nuevos movimientos podemos avanzar descubriendo nuevas técnicas”, agregó Rodrigo.

“El profesor debe adaptarse a las condiciones de cada uno”, explicó. “La transparencia de los sentimientos más básicos que hoy en día estamos casi olvidando. El respeto, la dignidad de la otra persona y el amor son las principales cosas que ellos me enseñaron a mi”, añadió.

Este deporte les ayuda a agrandar los movimientos, a mejorar la flexibilidad, a corregir posturas, simplificar la ergometría del material, confort y sobre todo: “A ser cada día más autónomo”.

“Verlos progresar me hace sentir ganas de pasar mucho tiempo más con ellos y de contarle al mundo que si funciona. También compartir y mostrar como trabajamos a colegas y amigos dentro del deporte. Es una experiencia de vida hermosa que estoy viviendo día a día”, finalizó Rodrigo Lacattiva, un apasionado por el deporte quien demuestra que sí se puede no es una frase vacía sino una llena de trabajo y amor.